Salud y Bienestar
Salud mental tras un sismo requiere atención durante la recuperación
La salud mental tras un sismo puede verse afectada incluso cuando termina el movimiento de la tierra. En Venezuela, las personas expuestas a un terremoto pueden presentar miedo, ansiedad, pesadillas o dificultades para dormir durante los días posteriores.
Cada persona responde de manera diferente. La experiencia previa, el entorno familiar, factores biológicos y el nivel de ansiedad pueden influir. Por ello, sentir pánico o mantener la calma durante un sismo no determina la fortaleza de alguien.
Salud mental tras un sismo y recuperación
En las primeras jornadas, la prioridad debe centrarse en recuperar condiciones básicas de seguridad. Alimentación, agua, descanso, higiene, atención médica y un lugar seguro para permanecer son fundamentales para las personas afectadas.
Se recomienda recuperar de forma progresiva las actividades cotidianas. Conversar con familiares, descansar, consumir alimentos y mantener espacios de compañía pueden ayudar a recuperar la sensación de seguridad.
En personas que no sufrieron pérdidas directas, el sueño, la alimentación y las actividades habituales deberían recuperarse progresivamente. La evolución resulta más importante que establecer un plazo rígido para superar el impacto.
Sin embargo, algunas señales requieren mayor atención. Si el miedo aumenta, las pesadillas persisten o la persona comienza a evitar actividades cotidianas, puede ser conveniente consultar con un profesional de salud mental.
Pérdidas materiales también generan un duelo
La situación cambia cuando el sismo provoca la pérdida de una vivienda o de un familiar. Una casa representa seguridad, recuerdos y estabilidad. Por ello, perderla puede generar tristeza, rabia, ansiedad y preocupación por el futuro.
En estos casos, el acompañamiento debe adaptarse a cada etapa. Al principio puede consistir en garantizar alojamiento y alimentación. Después, puede incluir apoyo familiar, comunitario e institucional para reorganizar la vida cotidiana.
También resulta importante permitir que las personas expresen sus emociones sin presionarlas para superar rápidamente lo ocurrido. El silencio, el llanto o la necesidad de hablar pueden formar parte del proceso.
En el caso de los niños, los adultos deben evitar llenar los vacíos de información con suposiciones. Si existe incertidumbre sobre un familiar, lo recomendable es explicarla con honestidad y utilizar un lenguaje adecuado para su edad.
Información y preparación como herramientas
Después de un terremoto, mantenerse informado puede ayudar, pero la exposición permanente a noticias e imágenes también puede aumentar la ansiedad. Se recomienda establecer momentos específicos para consultar información y acudir a fuentes confiables.
Además, las personas deben evitar compartir datos no confirmados sobre réplicas, daños o nuevas amenazas. Verificar el origen de una información antes de difundirla contribuye a reducir la incertidumbre y el temor colectivo.
La preparación también puede favorecer la recuperación emocional. Participar en simulacros y conocer las rutas de evacuación permite establecer respuestas ante futuras emergencias. Tener un plan ayuda a reducir la sensación de indefensión.
Finalmente, ayudar a otras personas puede contribuir al proceso de recuperación. Donar mediante organizaciones autorizadas, acompañar a familiares o apoyar a vecinos son acciones que permiten fortalecer las redes de apoyo.
La salud mental tras un sismo forma parte de la recuperación. No todas las personas necesitarán atención especializada. Sin embargo, cuando el miedo persiste, aumenta o interfiere con la vida cotidiana, buscar ayuda profesional puede ser necesario.